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AIONSur

¿De verdad nadie sabía en las condiciones en las que están los trabajadores de la carretera? Ahora todo son convocatorias, minutos de silencio y notas de prensa. Aquí en Arahal hay bien cerca un ejemplo, sólo tienen que andar un tramo por la carretera de Morón que está en obras, ¿o no se han enterado? Los camiones paran a las 3 de la tarde, sobre todo desde el accidente, pero el resto de trabajadores siguen, por cierto, la mayoría inmigrantes de Latinoamérica, con gorros enormes para paliar los efectos del sol directo.

Todos lo sabíamos. La sociedad, los políticos, los sindicalistas, los periodistas. La situación económica de las familias lleva a estos trabajadores a aprovechar el agua cuando llueve, es decir, echar horas extras después de la jornada de trabajo para sacar un poco más del sueldo y seguir sobreviviendo. La empresa tiene la obligación de velar por sus trabajadores pero también la misma sociedad. Y, sobre todo, aquellos a los que les pagan con los impuestos de todos para denunciar situaciones como ésta.

Tomen nota, el martes empiezan a echar asfalto en la carretera de Arahal/Morón, esa del arreglo tan necesario. ¿Los sindicatos enviarán a los inspectores como hacen cuando tienen que cumplir con el cupo de publicaciones en los medios de comunicación en determinadas épocas del año o cuando alguien muere? O se darán una vuelta para comprobar si hace o no calor pegados, nunca mejor dicho, al asfalto.

¿Actuará la administración enviando a quienes tienen que vigilar cuestiones como ésta? O sólo se ocupan de aquellas empresas en las que los trabajadores no pasan calor y así ellos tampoco. Sin tener la absoluta certeza médica de la causa de la muerte de Rafael, todos se han echado las manos a la cabeza y han publicado notas de denuncias y han convocado distintos actos de protesta en la comarca. Algunos de estos actos ha sido iniciativa de ciudadanos y se han sumado rápidamente los denominados grupos políticos de izquierda. Aquellos que defienden a los trabajadores, con una salvedad, que para ellos existen trabajadores de primera y trabajadores de segunda, según interesa. Ya ni pensar en los que no los defienden, que se han convertido en innombrables porque no existe calificativo que los defina. De estos últimos, lo esperamos todo, de los anteriores no, de ahí que la decepción sea aún mayor.

Rafael se fue y sus últimas horas de vida las echó a pie de obra. Sin ser públicas la causa real de la muerte, seguro que esa tarde pasó muchísimo calor, como todos sus compañeros. Como volvieron a pasar ayer y hoy. Un calor insoportable, como el que describen que debe hacer en el infierno. Uno de ellos escribía en su perfil de facebook por la mañana, como si de una premonición se tratara, ‘esto es inhumano’. El texto iba acompañado de unas fotos que indicaban las temperaturas y la hora, todavía Rafael estaba vivo.

Las familias de los que trabajan en la carretera han denunciado en estos días en las redes sociales que, cuando llegan casi de noche, a veces traen las botas de trabajo derretidas, a pesar de ser un calzado especial, el cuerpo achicharrado,’ sólo tiene ganas de meterse bajo la ducha y el aire y olvidarse del mundo’, contaban.

Rafael, el nuestro, el vecino cercano, el Luque, el músico, el bético, el seguidor del Arahal, el militante socialista que hablaba con todo el cuerpo y sonreía hasta cuando no tenía ganas. Por la parte que nos toca te queremos pedir perdón Rafael, a ti y a todos los que trabajan en las mismas condiciones porque lo sabíamos y no hicimos nada. Porque los políticos lo sabían y no hicieron nada. Porque los sindicatos lo sabía y no hacían nada. Porque la sociedad lo sabe y no hace nada.

Ahora sí todos estamos haciéndolo. Ahora que ya no te vale, ni tampoco a tu familia.

 

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