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ANÁLISIS

Francisco José JIMÉNEZ PÉREZ
Noche del domingo 21 de mayo. Mientras la capital se preparaba para recibir en Cibeles al Real Madrid tras haber ganado su trigésimo tercer título de Liga, en la calle Ferraz un grupo de militantes del PSOE celebraban cantando “La Internacional” la victoria de Pedro Sánchez.

Esa noche se puso fin al dilema sobre cuál sería el modelo a seguir para los socialistas. Como sabemos, tres eran los aspirantes a la Secretaría General del PSOE: Pedro Sánchez, la presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz y el ex lehendakari Patxi López.

Habían sido unos meses de bastante actividad. Desde que el pasado 1 de octubre el ahora de nuevo Secretario General dimitiera tras la polémica abstención de los diputados socialistas para permitir que Mariano Rajoy volviera a ser Presidente del Gobierno, una nube de incertidumbre comenzó a sobrevolar el destino del PSOE. En su seno, además de la palpitante división que vivía (y sigue viviendo) el partido, en pleno proceso de campaña los socialistas se vieron sacudidos con la repentina muerte de Carme Chacón, quien había acompañado hacía pocos días a Susana Díaz en el acto de presentación de su candidatura.

Un proyecto de títere, “guapito de cara” que resultó tener personalidad política

Era un secreto a voces que Pedro Sánchez, después de haber derrotado a Eduardo Madina en las Primarias de 2014, sería un títere de “la disciplina de partido”, o en términos fácticos, de la oligarquía de barones socialistas ante el nuevo reto que se le planteaba al PSOE. La irrupción de Podemos y Ciudadanos en la esfera política supuso un quebrantamiento del bipartidismo puro y la alternancia en el poder que vivía España desde la Transición. ¿Qué debía hacer el PSOE ante una perdida segura de votos? El partido apostó por un lavado de cara externo, buscando un nuevo cara visible que se asemejara a Albert Rivera y a Pablo Iglesias: un hombre de unos cuarenta años, con cuidado aspecto físico, que fue dejando poco a poco el traje y la corbata, símbolo de la ahora denominada “vieja política”, para evolucionar hacia los pantalones vaqueros y camisas blancas remangadas. En vez de políticos, productos políticos que los ciudadanos deben consumir, en palabras del filósofo Byung-Chul Han.

Sin embargo, el “lavado de cara externo” se fue convirtiendo en una incomodidad interna. En este caso, Podemos, le ha hecho más bien al PSOE que mal. La aparición de Podemos generó que el PSOE despertara la cómoda situación que vivía en su “sofá del turnismo” y que visibilizara a la ciudadanía el entramado interno de los de Ferraz. A saber, las dos posturas: “un nuevo PSOE, de izquierdas, que represente los valores de la socialdemocracia del siglo XXI”, o un PSOE anticuado, oligarca, que pretende seguir acomodado en su asiento del bipartito a expensas de cederle el gobierno a su, en teoría, partido antagónico, y que defiende la disciplina de partido en vez de respetar el primer grado de la legitimidad política, que no es otro que la expresión en las urnas de los votantes.

Y fue pasando el tiempo. El discurso de Pedro Sánchez fue evolucionando, ya no había que ganar unas elecciones, había que “derrotar a la derecha” (en una estrategia de posicionarse como la alternativa de izquierdas frente a Podemos); ahora España no es una nación, es una “nación de naciones”, ahora hay que frenar las políticas de austeridad, porque “los socialistas llevamos años exigiendo el fin de la Troika y el fin de la austeridad”, cuando, recordemos, fue el propio PSOE de Zapatero el que apoyó la famosa “reforma express” del artículo 135 de la Constitución”. De hecho, les invito a que comparen propuestas políticas entre la formación liderada por Pablo Iglesias y el PSOE de Sánchez, encontrarán curiosas semejanzas. En resumen, el PSOE fue tomando un nuevo aire de “izquierdismo”, motivado en gran parte por hacerle frente a un partido que les robaría a gran parte de los votantes de izquierdas españoles, pero con el que se discernía una posible vía de entendimiento.

Llegados a este punto, Pedro Sánchez no estaba dejando con buen sabor de boca a los barones del PSOE. Y más aún cuando en septiembre se vislumbraba un posible pacto de investidura y de Gobierno entre Sánchez e Iglesias.

Entonces, se puso en marcha la maquinaria de la jerarquía: la jerarquía del peso que tienen las declaraciones en contra del que ha ostentado la presidencia del gobierno durante mayor tiempo en los casi cuarenta años de edad de nuestra democracia, la invitación de Alfredo Pérez Rubalcaba a que no se presentara como candidato a las Primarias. Y ambos casos, unidos a que en muchos actos de Susana Díaz, incluso en su acto de presentación a la candidatura por la Secretaría General, se encontraban en primera línea de presencia Felipe González, el mencionado Rubalcaba, y otros pesos pesados de la formación como el expresidente Zapatero, Alfonso Guerra y José Luis Corcuera, derivaron en menciones no explícitas en cuanto a nombres, pero con una gran carga emisiva por parte del ahora Secretario General: “con 35 años menos estarían con nosotros”, pronunció en su acto de campaña en Elche.

Pedro Sánchez, un proyecto que le ha salido “rana” a la cúspide de Ferraz y que ha transformado el PSOE desde sus bases hacia una nueva estrategia que compita con la formación morada como la alternativa de izquierdas en nuestro país, y que, según parece, puede convertirse en uno de los principales apoyos del PSOE ahora que la ejecutiva sanchista lidera el PSOE. “Me equivoqué al tachar a Podemos de populistas, el PSOE tiene que trabajar codo con codo con Podemos”, reconocía Sánchez en la entrevista que mantuvo con Jordi Évole en el programa “Salvados”. Por su parte, Albert rivera no ha tardado en recodarle a Sánchez que “Un millón de votantes socialistas son de centro”, como elemento frenador ante la más que evidente posibilidad de que haya algún entendimiento PSOE-Podemos.

Una victoria contra todo pronóstico. El engaño de los avales y la movilización de campaña

La idea que rondaba la conciencia colectiva era la victoria de Susana Díaz. ¿Quién si no? Una mujer carismática, con gran capacidad de convicción y oratoria, apoyada por “la vieja guardia”, defensora de la abstención como máxima expresión del Comité Federal, afín a la Gestora que lideraba el partido y además contando con otros mecanismos de poder, en este caso periodísticos y televisivos que le otorgaban primacía e intentaban menospreciar la figura de Sánchez basándose en el fenómeno de la posverdad. Ya saben de qué medios les hablo, y uno de los principales es el diario El País, medio del Grupo Prisa, cuyo director es Juan Luis Cebrián. Sonados son los encuentros entre Cebrián y miembros PSOE, en especial con Felipe González. No hace falta decir más. El propio Eduardo Inda dejaba en La Sexta Noche un titular tan poco sospechoso como veraz: “Las primarias del PSOE están encauzadas a favor de Susana Díaz”. Ante esta amalgama, poca gente pensaba que contra este aparataje el equipo de Sánchez tuviera algo que hacer.

Por su parte, los avales también tenían algo que decir. La presidenta andaluza presentó 63. 610 apoyos, Pedro Sánchez 57.369 y Patxi López 12.000. Si por avales entendemos intención de voto, está claro que Susana Díaz ganaría las Primarias. Pero los avales transmitían algo más. Mientras que el diario “El País” abría su artículo con el titular “Susana Díaz obtiene 6.000 avales más que Pedro Sánchez”, el diario El Confidencial advertía “El shock de los avales de Sánchez espabila a barones y dirigentes susanistas” y en su entradilla recogía “La constatación de que el exlíder pisa los talones a la presidenta andaluza ha servido para “activar” a sus fieles en Valencia o Asturias y también en territorios hostiles como Cataluña o Galicia”.

Quédense con los titulares de “El Confidencial”, porque resalta dos aspectos bastantes curiosos. El primero es que en cuanto a movilización y actos, la campaña de Díaz ha sido bastante pobre en comparación a la de Sánchez, y no es por otra cuestión que por el tiempo invertido a la labor.

La presidenta de la Junta de Andalucía y su equipo comenzó su ruta de campaña el día 26 de marzo, cuando faltaban menos de dos meses para la celebración de las Primarias, mientras que a esas alturas Sánchez y los suyos ya habían celebrado actos en numerosos pueblos y ciudades. No es factor desechable que además de intentar convencer por su proyecto de partido, el 50% de los militantes socialistas que votaron hayan optado por Pedro Sánchez debido a la labor movilizadora de su equipo por toda la geografía española y al ver a Susana Díaz como una aspirante que tendría que lidiar con acumulación de cargos, es decir, con ejercer la función del poder ejecutivo en la comunidad andaluza y con liderar el PSOE a escala nacional, siendo la misma acumulación de cargos un aspecto que el PSOE pretende que limite el Partido Popular con respecto a María Dolores de Cospedal, que a saber, ocupa actualmente los cargos de Ministra de Defensa, de Secretaría General del Partido Popular y de Presidenta del Partido Popular de Castilla-La Mancha.

Por su parte, el segundo aspecto a relucir es la pasividad de los partidarios de Susana Díaz derivada de esa conciencia colectiva, o mejor dicho, traicionera seguridad, de entender una victoria sin antes haberse disputado la contienda electoral. Lo cual, cuando se formalizó la recogida de avales a principios de mayo y se entendió una diferencia tan ajustada, propició actos electorales precipitados como los que señala “El Confidencial”.

En definitiva, los mecanismos que denotan la campaña de ambos candidatos dejan claro por sí solos una evidente deficiencia de una candidatura respecto a la otra, deficiencia provocada básicamente por un pensamiento equívoco de victoria y de tardanza estratégica. Ello, unido a que el propio Pedro Sánchez declaró en el programa de Jordi Évole que “”La intención de algunos de mis compañeros es quitarme recursos para el proceso de primarias” hace aún más sorprendente que obtuviera el 50,20% de los votos, seguido por Susana Díaz con un 39,94% y Patxi López con el 9,86% restante que completa la unidad porcentual.

La existencia de los dos modelos de partido que los apoyos expresados a través de avales dejaron en el punto de mira quedó resuelta mediante la victoria del “No es no” frente al tejido estructural de Susana Díaz y los barones del PSOE.

La militancia se expresa, la militancia decide. Democracia y coherencia política.
Los militantes socialistas se expresaron en las urnas, y destinaron más de la mitad de sus votos al proyecto de Sánchez y su equipo. Sánchez ha vuelto, y ha vuelto renacido y más fuerte que nunca ante el masivo apoyo obtenido en las Primarias. Prueba de ello han sido las dimisiones inmediatas que se han producido tras su nuevo ascenso a la Secretaría General.

De hecho, al día siguiente de su victoria, José Luis Corcuera dio baja a su militancia del partido, y en la misma noche del domingo, Antonio Hernando, el que fuera mano derecha de Pedro Sánchez y Portavoz en el Congreso de los Diputados del grupo parlamentario socialista, renunció a seguir ejerciendo su labor parlamentaria y en las últimas horas ha comunicado que no asistirá al Congreso Federal del PSOE programado para los días 16, 17 y 18 de junio por tener en esas fechas un viaje que le resulta imposible aplazar. Por su parte, Eduardo Madina, reconocido apoyo de Díaz, no ha acudido este lunes a la primera reunión del Grupo Parlamentario Socialista tras la victoria de Sánchez y ha renunciado seguir representando al PSOE en el programa “Hora 25” de la Cadena Ser, siendo sustituido por Odón Elorza, uno de los principales apoyos de Sánchez. El clima de crispación y división sigue tan vivo como siempre.
Será en el Congreso Federal donde Sánchez presente su nuevo paquete de medidas. Destacan entre ellas aquellas en base a los principios que propugnaba antes de la celebración de las últimas Elecciones Generales y que lo llevaron a renunciar a su acta de diputado y a dimitir como Secretario General. El “No” a Rajoy, la presentación del PSOE como la alternativa de izquierdas y el fortalecimiento de la democracia interna, los pilares de la nueva dirección del PSOE. Así pues, y según informa el diario “El mundo”, las primeras medidas de Sánchez como líder del PSOE serán:

1. Dimisión de Rajoy. Pedro Sánchez quiere marcar un perfil de oposición duro. Su primera medida será exigir la comparecencia urgente de Rajoy ante el Pleno del Congreso. Allí, el PSOE exigirá su dimisión.
2. Endurecer la oposición al PP. El principal motivo será la corrupción, pero habrá otros como la exigencia de derogar la reforma laboral y de recuperar derechos sociales.
3. Regular las consultas. Quiere regular consultas obligatorias a la militancia del PSOE para ratificar los pactos postelectorales o para que sólo los afiliados puedan expulsar a un secretario general elegido por las bases.
4. Dirección fuerte. Sánchez propone limitar el poder de los barones a su ámbito territorial y fortalecer a la dirección federal, en la que dice que integrará a todas las federaciones.
5. Unidad del partido. Quiere conseguir la unidad a partir del voto de los militantes. Al salir elegido por el voto directo, considera que su liderazgo será más fuerte que en 2014 y exigirá lealtad a todos.
6. Limitar el mandato de las gestoras. El secretario general no quiere que vuelva a pasar lo que ha ocurrido ahora y plantea que las gestores duren, como mucho, 90 días.
7. Alianzas progresistas. Impulsará «iniciativas de acción» con «sectores sociales» progresistas, especialmente los sindicatos.
8. Reforma de la Constitución. El nuevo líder del PSOE quiere impulsar una comisión de reforma de la Constitución en el Congreso.
9. Doble vuelta en primarias. Quiere regular las primarias para que haya dos vueltas.
10. Abrir agrupaciones. Plantea abrir las agrupaciones socialistas para atraer más gente, especialmente a los jóvenes y a los que viven en las grandes ciudades.
Establecido este marco teórico, solo el tiempo dirá cómo el aún teórico nuevo PSOE de Sánchez se va desenvolviendo dentro de Ferraz y del Congreso de los Diputados.

Lo que sí ha dejado claro el desenlace de estas Primarias es que los militantes del PSOE han sabido reconocer un liderazgo coherente y que apuesta por hacer prioritaria la elección de los votantes.
Engañados, así se sintieron la mayoría de los votantes del PSOE en las últimas Elecciones Generales. Personas que depositaron su máxima expresión democrática en confiar en un programa que se mostraba contrario a Rajoy y que priorizaba acabar con las políticas de derechas y recuperar los derechos sociales afectados durante el período de crisis económica se vieron traicionadas al ver como su partido decidía en el Comité Federal facilitar el gobierno a su “potencial rival”.
La situación política era innegablemente complicada. Se habían sucedido dos Elecciones Generales. En las primeras, celebradas en diciembre de 2015, los partidos fueron incapaces de ponerse de acuerdo y de investir a un presidente. Como exige la normativa constitucional, se convocaron nuevas elecciones generales para junio de 2016, en las que el PP obtuvo 14 escaños más que en las de 2015 y el PSOE perdió 5 con respecto a diciembre. Por su parte, Podemos pasó de 69 escaños a 71.
El dilema estaba en torno a dos opciones: si continuar con la negativa a Rajoy y acudir a terceras elecciones, en las que el Partido Popular saldría aún más favorecido y cercano a la mayoría absoluta; o facilitar un gobierno minoritario del PP mediante la abstención y así poder ejercer influencias durante la labor parlamentaria. El Comité Federal optó por la segunda opción, y apoyado por las declaraciones de los barones socialistas, se le permitió gobernar a Mariano Rajoy, lo cual derivó en la dimisión de Pedro Sánchez y en su andadura independiente hacia la Secretaría General del Partido.
La elección era comprensible e incluso inteligente, pero el PSOE cayó en uno de los errores que su fundador, Pablo Iglesias Possé, ya estableció en el pasado: “El abstencionismo político obrero es la muralla que mejor resguarda los privilegios de la burguesía.” Y así parece que lo ha entendido la militancia. El domingo el PSOE eligió acabar con el poder oligárquico del partido y tomar un proyecto de regeneración democrática, donde la voz la tome la militancia y la coherencia política de cumplir los compromisos políticos en base a los cuales se obtiene el poder sean los puntos a seguir.
El equipo de Sánchez, fiel y coherente a su compromiso electoral, ha llevado hasta las últimas consecuencias sus ideas, incluso soportando las multas de 600 euros que la Gestora impuso a los diputados que no acataron la disciplina de partido y votaron “No” en la sesión de investidura de Mariano Rajoy. Hasta ahora, esas últimas consecuencias han sido la victoria en las Primarias y la independencia de Sánchez en el liderazgo de la formación, pero para lo demás solo queda esperar.
Tenemos numerosos ejemplos de cómo funciona la política, y cómo luego la materialización de las ideas difiere a su aspecto formal. El tiempo dirá si el teórico nuevo PSOE de Sánchez cumple las expectativas que ha creado y tanto la militancia como los votantes socialistas no se vuelven a ver de nuevo defraudados.

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