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#RelatosdeVerano

El olivo de Santa María de Lebeña (Santander).

Mercedes LÓPEZ BRAVO. Cillorigo de LiébanaSantander
Allá en las tierras del Norte, haciendo sombra a Santa María de Lebeña, hay un olivo  solitario que olvidando abrir sus alas crece ascendiendo hacia el cielo.
Cuenta la historia que hace siglos el conde de Lebeña se enamoró de una joven sevillana. Concertaron el matrimonio y la joven Justa emprendió viaje a las Tierras Cántabras. Esposa ya del conde de Lebeña, la joven, aunque enamorada, a veces suspiraba por su tierra. El esposo, que muchas veces la vio rezando ante la Virgen de la buena leche, quería menguar su tristeza y le preguntaba una y otra vez por el motivo que la hacía suspirar con tanta pena.

– Añoro, esposo mío,  el arrullo del viento entre los olivos.

Conmovido el esposo, mandó traer del sur un olivo que plantaron junto a la pequeña iglesia, y frente a esta mandó plantar un tejo que alzara sus ramas al cielo. Le prometió entonces que juntos, olivo y tejo, crecerían como almas que del norte y sur vinieron a enamorarse.

Juntos crecieron ambos más allá de la vida de los esposos, mas el olivo, entregado a las manos de los habitantes del valle, recibió los mismos cuidados que el tejo, pero no los propios para el olivo, y así fue perdiendo su extensión horizontal para elevarse, como si de un tejo se tratara, sobre la pequeña iglesia de Santa María de Lebeña.

 

Mercedes López Bravo es Filóloga y trabaja en el IES Castillo de Luna de La Puebla de Cazalla.

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