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Coronavirus

Mi vida en positivo (Capítulo 9 – Migas) – Crónica de 14 días de vida confinada de un positivo de COVID

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AionSur migas-2 Mi vida en positivo (Capítulo 9 - Migas) - Crónica de 14 días de vida confinada de un positivo de COVID Coronavirus

He comido migas. Sí, con calor, con bastante calor, con el sol en todo lo alto, he roto mi dinámica de vida gastronómica y he comido migas sin que fuera esté lloviendo. ¿Recordáis que algunos ángeles no me han dejado solo en estos días para que nada me faltase? Pues los ángeles también tienen madres, y la madre de uno de ellos le echó hace dos días en una bolsa una fiambrera de migas almerienses con las que podría almorzar un equipo de balonmano, los árbitros y sus primos lejanos.

No eran las migas de pan a las que estoy acostumbrado, las que hacía mi padre a base de mucha paciencia con ajos añadidos a base de bien, sino otras migas más menudas, con pequeñas bolas de harina, pero que igualmente saben como si Dios cocinase e hiciese ese plato en concreto.

En el salón

A estas alturas de la lectura de este diario ya habrá deducido quien lo lee que lo de comer lo tengo como una de las partes indispensables del día. Por eso he reservado para las migas un espacio preferente del día, y aunque normalmente almuerzo en la misma mesa de trabajo, aprovechando el día todo lo posible, esta vez han sido recibidas en la mesa del salón con todo el ceremonial que merecen.

Con todo, las miga han ido desapareciendo, aunque por prudencia estomacal he dejado algunas en la fiambrera. A las migas las ha acompañado un tomate con aceite y sal. Sí, he dicho uno, porque con las migas almerienses venía verduras y hortalizas del campo de Chirivel de tal tamaño que en un solo tomate da la impresión de haber al menos dos códigos postales distintos.

Mientras mi menú del Levante andaluz ha ido desapareciendo, mi noveno día de encierro por la COVID va cumpliendo su liturgia de seguir adelante sin pensar en que mis nulos síntomas van a empeorar. De lo poco que he leído en estos días sobre el tema se deduce que si pasas los primeros días sin problemas, desde el séptimo aproximadamente ya solo queda esperar la recta final para salir a la calle.

Dos semanas

Hablo con un médico amigo y me dice, que si sigo así, cuando se cumplan 14 días desde que me hice la PCR salga a la calle. Pero no me gusta la frase. Sí, sé que el protocolo marca esas dos semanas, pero recuerdo la frase de mi hermana: “No hay enfermedades, sino enfermos”. Si cada persona es un mundo, ¿qué pasa si el día 14 sigo siendo positivo y salgo a la calle siendo una bomba de contagios?

Procuro no pensar mucho en ello, siguiendo mi costumbre de que los problemas de cada día se tratan en el día en concreto, así que mientras abro una Estrella Galicia y el día ya solo tiene oscuridad en la calle, me engancho a Love Actually para despedir al noveno día. Sí, he vuelto a ver Love Actually, aunque en mi defensa tengo que decir que hacía casi dos semanas que no la veía. Y dos semanas sin algo que te guste es demasiado sacrificio, y punto.

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