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La nueva esencia de La Huerta Catering, recetas con raíces familiares preparadas para comer o llevar

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Para Francisco Ruiz García la pandemia ha pasado de ser un parón a ser una oportunidad. Y como ha pasado tantas veces en su vida, vuelve a ilusionarse con un proyecto. “Si no me ha matado esta situación, ya no lo hará”. Con esta contundencia habla este empresario de Arahal, propietario del catering La Huerta, aficionado a la cacería y apasionado de la cocina. Pero no de cualquier cocina, sino aquella que nace de las entrañas de su familia, de su madre de la que heredó sus rasgos físicos, el carácter y su buena mano con los alimentos. Y de su tía Gertrudis, un ejemplo para él de fortaleza y de saber gastronómico. Después de estar años creando uno de los mejores catering de la provincia de Sevilla, actividad que ha quedado casi paralizada desde marzo, decidió volver a sus orígenes, reinventarse con la esencia de lo que le dejó de herencia su familia. Por eso ha vuelto a encontrar el camino con su forma de ganarse la vida: entre fogones.

Cocinero y otras profesiones

Así es como Francisco ha pasado en los últimos seis meses de la desesperación y el desaliento a la fuerza de voluntad. De ver paralizada durante la mejor época del año la actividad en La Huerta Catering, el espacio con raigambre donde ha creado un paraíso rodeados de naranjos centenarios, animales de granja y perros, otra de sus pasiones.

“He pasado todo el confinamiento trabajando en La Huerta, si no es por eso me hubiese vuelto loco”, cuenta el empresario. Porque cada día se añadía más incertidumbre a esta situación provocada por la pandemia, una palabra casi desconocida y que, en pocos días, se convirtió en la protagonista de los titulares de los medios de comunicación.

Y es que este empresario es capaz de montar con sus manos un kiosco, un carro o un espacio de sombras en La Huerta. Casi no se puede entender cómo alguien que elabora platos exquisitos para cientos de personas, puede coger un martillo, una eléctrica o cualquier herramienta y construir el artilugio menos esperado, diseñado con material reciclados que encontró en una chatarrería o que recogió arrumbado por cualquier amistad. Porque su viveza es intrínseca a su carácter, pero lo que de verdad lo define es su capacidad de superación.

 

Siete vida llenas de milagros

Dicen de él que tiene siete vidas como los gatos, y todo porque ha sufrido varios sustos de esos que los médicos consideran milagros. Y vuelve a estar en primera línea. Hace unas semanas pensó que ya estaba bien de esperar que la situación mejorase, había que volver a la lucha. Y lo hizo reconvirtiendo el salón de bodas que tiene en Arahal, en restaurante y abacería. “No duermo y la cabeza no para de darme vueltas, cada poco tengo una idea”, cuenta agarrándose la frente, con la fuerza que le da su capacidad de emprendimiento.

Dos semanas en las que siguen poniendo normas restrictivas. Y él sigue al frente, “ahora grupos de seis personas”, apunta. Porque el nuevo restaurante y abacería no es un proyecto cualquiera. Es ir a comer o tomar una tapa por 1,5 euros y llevarte comida para toda la semana. Comida casera, con recetas de toda la vida, mejoradas por la experiencia. Menudo de cerdo, albóndigas en salsa o con tomate, tortillas preparadas con diferentes salsas, menudillo de pollo, riñones al Jerez, o cualquier tipo de revuelto que Francisco elabora al instante, mientras comes una tapa o disfrutas del almuerzo en familia.

Y puedes ponerlo a prueba. Si recuerdas algún plato de tu infancia, que llevas años sin probar, cuéntaselo y a tu idea le sacará partido. ¿Un revuelto de sesada quizás? Al punto, con huevos de gallinas que andan todo el día sueltas por la huerta, rodeadas de naranjos centenarios de más de veinte variedades, y judías verdes confitadas. “Cocinar no es ir al Mercadona, coger dos filetes y hacerlos”, dice con el ceño fruncido. El nuevo espacio de La Huerta Catering es todo esto y más.

Recetas que mueren con las personas

Para Francisco Ruiz cocinar es el bacalao en cochifrito de su abuela cuya receta bordaba su madre, es el menudo de cerdo de su tía Gertrudis, son los arroces con carne de cacería del que se ha convertido en experto. Cocinar es inventar lo preciso porque hay recetas que mueren con la persona que las hace, no porque nadie sea capaz de aprenderlas, sino porque van acompañadas de recuerdos de la infancia.

Todo esto es lo que quiere transmitir con sus platos que ahora te prepara al punto en su restaurante o en un táper para llevar. Y te vas comido pero, sobre todo, con la memoria alimentada gracias a su pasión por cocinar que salva a este empresario del desaliento provocado por una situación difícil.

En estos días está especialmente sensible porque a su edad (53 años) tiene mucho que agradecer. Especialmente a su tía Gertrudis que ha estado junto a él y su familia cuando lo han necesitado. Desde que se puso al frente del emblemático y recordado Bar Esquina de Arahal hace casi 40 años, cuando su padre murió. Recuerda también a su madre, Rosario García, y a su tío Manolito que no dudó en meterse detrás de la barra para sacar adelante a una familia huérfana siendo aún muy pequeños.

Estos fueron los mimbres de su vida y la de sus hermanos. Luchar fue la única salida, por eso se conoce tan bien el camino. Y solo tiene que seguir cocinando…

 

La Huerta Catering inaugura oficialmente su Hacienda, un espacio para celebraciones que cumple el sueño de una familia

Periodista. Directora y editora de aionsur.com desde 2012. Corresponsal Campiña y Sierra Sur de ABC y responsable de textos de pitagorasfotos.com

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