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Opinión

“La crítica es la mayor estafa que te vende una línea editorial que depende de una inyección económica, y del gobierno de turno”

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"La crítica es la mayor estafa que puede venderte una línea editorial que depende de una inyección económica, y del gobierno de turno"

Si de algo me ha servido este mes de diciembre –y toda la pandemia- es para darme cuenta de que el mejor bastión de la verdad reside en el dinero, y no en la ética. La razón no nace como concepto empírico, así lo diría Kant –olvida toda esa moraleja, te lo digo desde la bancarrota-, ni siquiera la virtud del punto intermedio aristotélica puede apaciguar el entendimiento entre dos personas aunque quede muy bien en los textos de filosofía. Este razonamiento romántico es tan absurdo como el 15M, mochila vital de dos millonarios que practican el capitalismo de estado. Porque alguien bien pagado suele ser siempre el mayor guardián de la fidelidad… de la razón, y de la madre que me parió si es preciso. Ser libre significa tener pasta –y no meterse en líos-, nada más.

El aire sensible de la libertad está tan denostado, yo diría que desgastado, como el periodismo. El cuarto poder. ¡Ja! Y el quinto, y el sexto… Las redacciones pueden elegir el lugar del pódium que quieran, porque todo se basa en el mismo punto de partida: el dinero.

Interés económico

Si alguna línea editorial se mezcla con la libertad es solo para empujarte a la censura desde algún interés económico. Simplemente. Esto me ha obligado a reflexionar durante bastantes años –a día de hoy sigo sin tenerlo del todo claro-, llevando al límite el razonamiento de si el censor prefiere silenciarnos, o castigarnos por haber pensado. El periodismo, en esa línea, no quiere –ni necesita- ser libre, requiere de una financiación. La libertad, por ende, te la otorga el pagador, y quien diga que no, o no tiene responsabilidades, o es el mayor de los ingenuos.

Si volcamos la anterior reflexión sobre las capas sociales el resultado es exactamente el mismo. La financiación de determinados colectivos ha supuesto una fractura ideológica y un paso para que las siglas, convertidas en estamentos de protección (Papá Estado) absorban su funcionamiento. En esa absurda línea, por ejemplo, para ser feminista en la red solo hay que demostrar que se odian a ciertos hombres; para ser animalista habrá que aplaudir las cogidas de los toreros. Y así con todo…

El dinero puede cambiar comas de sitio, fundar profesiones desde un movimiento social, incluso hacerte cambiar de opinión engrosando tu cuenta corriente. Si no me crees tira de hemeroteca y pregúntate por qué Sánchez regó con millones de euros a diferentes medios de comunicación. Lo que no se comunica no existe, y este Gobierno, el del progreso social, no tiene soluciones, pero sí un buen publicista. De eso se trata. No hay que ser muy listo para entender que apoderarse de la verdad es apoderarse de los demás.

Defender la libertad es igual a detractores

Defender la libertad, incluso en contra de mis principios, me ha acarreado un buen número de detractores, aunque también me permite mantener como soporte una almohada limpia, que de poco sirve a estas alturas. Realmente esta función es más utópica que certera, y uno intenta estacionar los pies en la tierra. A veces –probablemente siempre- es preferible tener paz que la razón, y a ese estadio pretendo llegar.

En mis años como columnista he aprendido muchas cosas, pero sostengo una como un “tierra mía”: la crítica es la mayor estafa que puede venderte una línea editorial que depende de una inyección económica, y del gobierno de turno. La libertad de prensa no existe. Porque lo único que es verdaderamente libre es el dinero, que puede elegir la mano en la que caer. Y ya saben… nunca habrá una legión más fiel que aquella que ha sido bien pagada.

 

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