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Nunca antes había realizado deporte, pero desde la apertura de “La Venta” no falla ni un solo día. En algo más de medio año, ha mejorado sobremanera.

A. Solano /AION

En determinadas ocasiones, las ganas de salir a correr, ir al gimnasio o, simplemente, practicar algún deporte no  abundan en nuestros cuerpos. En esos momentos, muchos apostamos por tirarnos en el sofá o en la cama antes de amarrarnos las zapatillas y mover el “esqueleto”. Otras veces, alegamos cualquier dolencia o alguna excusa sin importancia para no hacer ejercicio, cuando en realidad no son más que simples excusas.

Sin embargo, nada de eso le ocurre a José Camacho Sánchez “Joselito”, un arahalense de 74 años que desde la apertura del Complejo Deportivo “La Venta”, a mediados de febrero, acude todos los días a realizar sus ejercicios durante más de dos horas.

Y lo hace con una peculiaridad: la de casi no poder mover la mitad de su cuerpo porque hace 26 años sufrió un derrame cerebral mientras trabajaba en la base de Morón. Tras estar un largo tiempo ingresado y con pocas esperanzas (según los propios médicos), José llegó a salir adelante, aunque la enfermedad le dejó secuelas en el habla, en la cara y en en el brazo y pierna derecha.

No obstante, eso no es problema alguno para acudir de lunes a sábado al Complejo Deportivo. Se desplaza desde su casa en su silla de rueda motorizada y, en torno a las 10 de la mañana, ya le esperan los diferentes monitores de DXVIDA (colectivo que gestiona los servicios deportivos de la instalación) para ayudarlo a realizar los distintos ejercicios.

“Es sorprendente la voluntad y el compromiso que tiene José. Cada día quiere hacer más y nos pide continuamente nuevas actividades o ejercicios o entrenar en otras máquinas. Le gusta todo.  Incluso hay veces que tenemos que pararlo”, declara Iván o Jesús, algunos de los monitores.

Igualmente, es notable la mejoría que ha experimentado físicamente de unos meses para acá. “Al principio, cuando se montaba en la bicicleta estática, teníamos que sujetarles los pies con unas cuerdas porque no controlaba el movimiento de sus piernas. Le costaba andar. Pero ahora hace sentadillas incluso y se monta él solo en las máquinas”.

José, con la equipación que le regalaron. Foto: DXVIDA

Él es consciente de cómo ha evolucionado: “Animo a todo el mundo a que venga. Esto es muy bueno”, afirma ilusionado.

Con una sonrisa en la cara, confiesa que ya no piensa dejar de ir y eso que jamás había realizado deporte. José se había dedicado a la construcción durante su vida laboral y a criar, junto a su mujer, a sus 5 hijos.

A pesar ello y de contar con las dificultades propias de desplazarse en una silla de ruedas y de no poder mover parte de su cuerpo, decidió de un día para otro empezar a hacer deporte: “me lo comentó un amigo y no me lo pensé. Me lancé”, confiesa José, Pepe o “Joselito”, como cariñosamente le llaman parte de los integrantes del staff técnico del centro.

Con ellos, precisamente, ha adquirido una gran confianza y, a menudo, están de cachondeo. Además de entrenamiento, José se lleva para casa numerosas risas. Afectivamente, sus monitores y los componentes del servicio de limpieza le hacen bromas a las que “Joselito” les responde con una gran sonrisa. “Mi padre nunca tiene una mala palabra para nadie”, afirma su hija Asun.

Sabe que sus horas en el gimnasio le sirven para sentirse mejor y también para distraerse y aprender. Algunos de los preparadores, como Ana Bernal, le ayudan, a través de las pesas, a repasar los números y a contar.

“Además del aspecto físico, yo le noto que ha mejorado mucho en la manera de expresarse”, sostiene su hija.

La parálisis le afectó a las habilidades comunicativas y de cálculo. Por eso, utilizando el material deportivo, le plantean operaciones numéricas para ejercitar la mente.

“Es increíble la voluntad, la constancia, la tenacidad, el empeño, el ánimo y la alegría que tiene. En septiembre, el Centro cerró dos semanas y cuando volvimos a abrir, José quería entrenar más horas para recuperar el tiempo que había estado inactivo”, confiesa el personal del gimnasio. “Es todo un ejemplo de superación”.

Por estos motivos, sus monitores le quisieron hacer un pequeño reconocimiento hace unas semanas entregándole la equipación de honor de la empresa, algo que le hizo mucha ilusión.

Tras sus casi tres horas de entrenamiento y después de recibir la “guasa” del personal del Complejo para que se vaya, Joselito se vuelve en su silla de ruedas a casa, donde le esperan su mujer y uno de sus cinco hijos con los que vive. Por la tarde, se entretiene dando algunas vueltas por el barrio del “Gamonal” esperando que vuelva a amanecer para no fallar a su cita deportiva y, de paso, reencontrarse, un día más, con sus nuevos amigos.

José, con el staff técnico de “La Venta”. Foto: DXVIDA.

 

 

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