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José Carlos MENA SÁNCHEZ

Nunca había reparado en esta cuestión de las vacunas hasta que me ha tocado aprender la lección como padre y averiguar el despropósito de las vacunas en España. En mi faceta de niño me limitaba a ser el blanco de las agujas para recibir aquellas dosis virulentas, pero bien avenidas, que ejercían de cuerpo de élite ante invasores inapropiados. Pero ahora, como progenitor y sabedor de todas las vacunas que deben recibir mis hijos, ha cambiado mi visión del paisaje.

Foto: agenciadenoticas.es

Lo sé de sobra, faltaría más. Las vacunas son muy necesarias para evitar enfermedades y paliar epidemias, con lo que contribuyen a disminuir el índice de mortalidad infantil en el mundo y mejorar la esperanza de vida. Gracias a los avances de la tecnología y a excelentes investigadores, muchas enfermedades se consiguen vencer gracias a las vacunas.

En los últimos tiempos, de manera trágica, hemos bajado a la tierra de los ignorantes, asistiendo a discursos sin sentido de buhoneros de la palabra y sanadores de pacotilla.  El niño de 6 años, fallecido en Olot a causa de la Difteria, una enfermedad casi erradicada, sólo porque sus padres no creían en las vacunas, es una muestra del paso hacia atrás que, a veces, da el mundo. Jamás olvidarán su decisión, por desgracia.

Casos como los bebés, menores de 2 meses, fallecidos recientemente en Málaga, Sevilla y Cuenca,  a causa de la tosferina,  en plena campaña de vacunación de las embarazadas para evitar esta enfermedad, nos deja, muy a las claras,  que la vacunación es necesaria y que la china le puede tocar a cualquiera, por eso, y soy amante de está máxima: “Más vale prevenir que curar”.

Adentrándonos en este mundo perdido, de todos es sabido que a través de la Consejería de Salud de cada comunidad autónoma, en connivencia con el Ministerio de Sanidad, se suministran una serie de vacunas obligatorias, y de forma gratuita, a nuestros hijos para evitar ciertas enfermedades. Hasta aquí todo parece estupendo si se lleva a rajatabla ese calendario de vacunaciones.

Pero a partir de aquí nos metemos en terreno pantanoso, con huracanes incluidos, dónde aparecen compañías farmacéuticas, competencias y responsables políticos, tanto generales como territoriales. Una guerra de cifras, productos y dosis que dejan en evidencia el cotarro.

Para colmo de males, las diferentes comunidades no actúan de manera unísona y coordinada, por lo que existen disparidad de criterios y conductas a la hora de suministrar las vacunas, siendo el receptor de las mismas el paciente sufridor de las consecuencias. Sólo una cosa debemos de tener en cuenta: cuando se trata de la salud de nuestros hijos, no entendemos de nada y hacemos lo que sea preciso.

El Meningococo B

¿Conocéis las vacunas para el Meningococo B? ¿Y la Rotateq? ¿Y la Prevenar 13? ¿Y la Varivax? Como padres seguro que no os dejan indiferentes estos nombres. En efecto, todas son vacunas para nuestros hijos pero, además de eso, tienen un denominador común: no las pasa Sanidad,  es decir, hay que pagarlas en farmacia si queremos proteger a nuestro retoños de las enfermedades que previenen. Y créanme, no son baratas.

Por consultas al pediatra y como padre que soy, he tenido conocimiento de la reciente salida al mercado de la vacuna para el Meningogoco B, el cual ha sufrido un repunte y ha provocado un aumento de los casos de meningitis B en España. Hace unos años no había vacuna para ello y ahora ya está en el mercado farmacéutico.

Ante mi estupor por el alto coste de esta última vacuna, pregunté a varios profesionales e investigué un poco, haciendo números sobre esas dosis de pago que inyectan a nuestros vástagos, y de las que la administración se lava las manos. La conclusión me dejó de piedra y el dinero que sale de nuestros bolsillos es considerable, aún a sabiendas de que algunos padres les cuesta un trabajo enorme llegar a final de mes.

Gasto por familia

Pues bien, realicemos un supuesto práctico sencillo. Imaginemos un matrimonio con un bebé recién nacido, dispuesto a ponerle todas las vacunas. Partiendo de esa base, voy a realizar un análisis del coste de cada vacuna y el importe total. ¡Os sorprenderá!:

  • Vacuna contra el Meningococo B. 4 dosis si empezamos a ponerla desde el principio. Aproximadamente 100 € cada dosis. Total: 400 €
  • Vacuna Rotatec, contra varios tipos de rotavirus. 3 dosis a unos 69 € cada una. Total: 207 €
  • Vacuna Prevenar, que protege del neumococo. 4 dosis a unos 78 € cada una. Total: 312
  • Vacuna Varivax contra la Varicela. Esta última la quitaron del mercado y muchos niños se quedaron sin dosis suficientes. Ahora, parece ser, que pronto estará disponible de nuevo. 2 dosis a unos 67 € cada una. Total: 134 €

Si hacemos una sencilla suma nos sale que el importe total de todas las vacunas, que esa hipotética familia tiene que poner a su hijo para prevenir enfermedades, asciende a 1053 €, una cantidad nada desdeñable, sobre todo si pensamos en que existen muchas familias que no pueden soportar este gasto, que hay meses que se les hace muy cuesta arriba y que no pueden abonar la vacuna para su hijo. En realidad es muy triste cuando, no es más cierto, que debería cubrirla Sanidad, en su afán de protección del ciudadano.

Y si a esto le sumamos familias con mellizos o con dos y tres hijos, ese gasto se multiplica considerablemente, cuestión nada baladí si nos atenemos a la salud de nuestra familia. Es un asunto demasiado espinoso que no se debería tomar a la ligera y en el que las autoridades deberían tomar carta en el asunto.

Pues sí, un tema que está en el candelero, con demasiada asiduidad. Como muestra un botón: La vacuna de la varicela quitada del mercado y muchas familias adquiriéndola en Portugal; la de la tosferina agotada en las farmacias y el gobierno haciendo acopio de dosis para tranquilizar a la población; voces disonantes, cifras mareantes y títeres de una actualidad bastante distorsionada. Pero ¿Cuál es la solución a todo este coctel molotov?

Veamos, y es una humilde opinión. ¿Por qué no un consejo rector para regular todas las vacunaciones del país? Un consejo formado por expertos, independiente de la industria farmacéutica y de los poderes políticos, que estudiara las diferentes enfermedades y vacunas para determinar la perentoria necesidad de vacunar obligatoriamente a toda la población, sin distinción de comunidades. ¿Por qué no es posible?

Y si nos atenemos al coste de estas vacunaciones obligatorias no sería tanto el esfuerzo a realizar ya que, cada día, gastos innecesarios e inútiles se ven  despilfarrados por los dirigentes de la nación. Si se quiere se puede, y sanidad tiene que tomar partido aquí para hacer un calendario común, obligatorio y necesario de vacunaciones, en beneficio de todos.

Un poco de cordura es precisa para preservar la salud de los más pequeños y procurarles una óptima calidad de vida. Por una vacunación óptima en nuestro país.

 

José Carlos Mena es colaborador de esta web en materia de orientación profesional y padre de dos niños pequeños.

 

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