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Del Líbano a casa por Navidad

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Francisco Javier Gómez Oliva es un joven militar arahalense que ha estado seis meses lejos de sus raíces formando parte de las misiones de paz y humanitarias del Ejército Español en El Líbano. Ahora, “como el famoso turrón”, regresa junto a los suyos para pasar las fiestas navideñas antes de volver a incorporarse a su puesto de trabajo en la Unidad de Zaragoza.

A. SOLANO @alejandrosola11

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F. Javier en la entrevista con AI. Foto: AI

Hace unos seis años, allá por 2008, Francisco Javier Gómez Oliva, un joven de 28 años de la localidad, decidió ingresar en el Ejército Español. Era algo que siempre le había gustado y consideró que era el momento de alistarse a él. Una decisión meditada y que le cambiaría la vida. Tuvo que dejar atrás su tierra y a sus seres más queridos para partir de cero. Primero a Valladolid unos meses para hacer la preparación como soldado y después a Zaragoza donde ejerce como conductor y técnico en labores de transmisiones en la Unidad de la ciudad maña.

Así, hasta que en mayo de este año, hizo las maletas para irse de voluntario dentro del Grupo Táctico Ligero Protegido España 11 del Ejército Español y ayudar en las misiones humanitarias y de paz de la UNIFIL (Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano). Meses antes, cuando inició la preparación y formación para esta misión, Francisco Javier decidió que, como militar, era hora de vivir esta experiencia: “Ha sido duro por la distancia tan lejana en la que te encuentras con tus seres queridos, pero es una experiencia bonita que te ayuda a ver las cosas de otra manera, a ser más modesto y a apreciar la vida de un modo completamente diferente”.

Califica de “muy positiva” su estancia en el país de Oriente Próximo, aunque eso sí, ahora mismo que acaba de llegar se pensaría volver a emprender una nueva aventura así: “es mucho tiempo seguido sin disfrutar de los tuyos. Es verdad que las comunicaciones son buenas. Teníamos internet y podíamos hablar con los nuestros, pero muchas veces se necesita sentir el cariño de un beso o un abrazo de tu madre, de tu novia o de tus seres queridos”.

Ha sido lo más duro de llevar para él, sin dudas. Sobre todo en esos días en los que los ánimos andan algo apagados. En esos momentos, los compañeros se convierten en un punto de apoyo  fundamental: “el compañerismo es lo mejor que tenemos. Ahí somos como una familia”.

Una familia que trabaja, dentro del contingente de la UNIFIL para que se respete la paz y el alto el fuego entre El Líbano e Israel. Sus cometidos pasan por coordinar las actividades entre ambos países, asegurar el cese de las hostilidades, apoyar y acompañar a las Fuerzas Armadas Libanesas a medida que se despliegan en todo el sur mientras Israel retira las suyas del territorio libanés y  ampliar la asistencia para contribuir en el aseguramiento del acceso humanitario a la población civil, entre otras labores.

“Nuestras tareas están claras. En mi estancia, hemos llevado material escolar a los colegios, hemos velado por la seguridad de las poblaciones…”

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Francisco Javier con los pequeños libaneses.

Afirma que en estos periodos no se han dado situaciones especialmente complicadas en el sureste del país, zona donde se encuentran desplegadas las Fuerzas Españolas. A pesar de los “cohetes” que algunas noches se lanzaban desde uno y otro lado de la frontera (tanto por Hezbollah -organización islamista libanesa- como por el estado israelí) asegura no haber pasado miedo en ningún momento. “Realmente, yo no he llegado a ver las consecuencias de estos lanzamientos. Creo que eran más para avisar y alertar de la presencia, que para hacer daño”.

No obstante, Francisco Javier considera que hay que tener cuidado en la zona, con núcleos de población pequeños, pobres y desérticos (en contraste con el norte), y, sobre todo, con una gran mezcolanza de culturas y religiones, que pueden provocar determinados conflictos (hay quienes entienden su presencia en suelo libanés y quienes son más reacios a ellos).“Allí, estamos en una calma tensa. Tienes que estar preparado, saber a dónde vas, tener fuerza mental y apoyarte en los compañeros. Si se da una situación de riesgo, tienes que defenderte con cabeza, tal y como nos han enseñado. Nosotros estamos allí  para mediar y ayudar, no hay que olvidarlo”.

Afortunadamente, él no vivió ninguna de esas situaciones de riesgo. Por eso, durante su estancia, apunta a otro lado como principal problema. “El principal problema para mí, que desempeñaba las funciones de conductor, era el estado de las carreteras. No se encuentran en buenas condiciones y conducir de noche se hacía a veces peligroso”.

Algo que tenía que hacer con frecuencia, ya que los turnos se organizaban en dos días de alerta dentro de la Base y otro de patrulla, incluida nocturnas. Así durante 6 meses, de los cuales tres pasó primero en la posición situada cerca de la frontera con Israel y los otros tres en la base ‘Miguel de Cervantes’ en el término municipal de Blat (cercanías del pueblo de Marayoun). No podían salir de las instalaciones. No hay tiempo libre ni de ocio, salvo cada cierto tiempo cuando en grupo se organizaban actividades diferentes: “en determinadas ocasiones nos llevaban en grupo a la piscina de un hotel a nadar durante varias horas o a algunas zonas de tiendas para comprar nuestras cosas. La verdad que esos ratos te hacían ganar vida porque, al salir de la rutina, te daban energía para afrontar de nuevo los siguientes días”.

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El arahalense, en misiones de vigilancia.

“Los últimos meses fueron más cómodos porque la base te da más posibilidades. Está muy bien y te permite hacer más cosas. Además, se comía bien”. Sin embargo, el joven arahalense reconoce que al final se hicieron largos porque la ilusión de regresar y ver a la familia aumenta. “Cuando estás tan cerca de regresar, parece que no va a llegar nunca el momento. Entre nosotros no se cuentan los días, semanas o meses que faltan para acabar la misión, sino que contamos el número de hamburguesas que nos quedan por comer, ya que era la cena de todos los jueves. Cuantas más cenas de hamburguesas hacías, significaba que menos tiempo te quedaba para acabar tu estancia. Eso le estará ocurriendo también a Antonio, otro arahalense que se encuentra ahora allí”.

Ahora, completada su misión, cambiará las próximas semanas las hamburguesas por el turrón para celebrar la Navidad disfrutando de lo que más falta ha echado en los últimos seis meses: la compañía de su familia y seres queridos.

Después, regresará a Zaragoza donde seguirá trabajando al servicio del país.

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