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Catering de Arahal: un año perdido por un virus que acabó con muchas ilusiones

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El fin de semana del 14 y 15 de marzo de 2020 no caerá en el olvido para los propietarios de los tres catering de Arahal. Sí, dirán que para el resto de la población tampoco. Pero lo cierto es que en los grados de desconcierto, miedo e incertidumbre, ellos se llevaron la palma. Sólo hay que imaginar la situación, cámaras cargadas de mercancía para la celebración de bodas y comidas, una agenda anual sin espacio ya para más clientes, la inversión de reposiciones y mejoras realizadas y, de pronto, cayó todo, sin posibilidad de escape. Dos meses por delante de confinamiento y un año perdido, aunque, en ese momento, aún no se sabía el alcance, los augurios eran demoledores.

 

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Manuel Suárez Catalán, propietario del Catering Las Torres

Catering Las Torres

“Ese mismo fin de semana había dos eventos y la semana siguiente dos más, al principio no nos queríamos creer que había que cerrar”. Así lo recuerda Manuel Suárez, propietario del Catering Las Torres. Una empresa pionera en la localidad en la organización de todo tipo de celebraciones, que se ha convertido en referencia en el sector en los últimos años. 

La primera consecuencia: solicitar un ERTE para 30 trabajadores. “Gracias a que lo han ampliado hasta enero, si no no sé qué haríamos”, apunta el responsable del catering arahalense. Pero, además, hay que tener en cuenta el trabajo que se ha perdido durante el verano, ya que esta empresa, en plena temporada estival de bodas puede llegar a contratar cada fin de semana a 250 trabajadores. A esto hay que sumar que el cese de la actividad provoca eliminar pedidos a decenas de proveedores, puestos de trabajo indirectos.

Catering Las Torres trabaja en el sector desde 1989, treinta y dos años de lucha de Manuel Suárez y su equipo para convertir la empresa en la elegida por cientos de parejas de toda Andalucía y Extremadura siendo recomendada y premiada por el portal especializado bodas.net con el Wedding Awards “Al mejor proveedor del año”, en 2016, 2017, 2018 y 2019. 

Las Torres. Manuel Suárez Catalán: “Es la crisis más difícil”

Pero, a pesar de todo lo dejado atrás, asegura que “es la crisis más difícil” desde que empezó. La razón fundamental es que las empresas de celebraciones no saben por donde tirar para solucionar la situación. “Te ves atado. En otras crisis podías moverte buscando innovación, un valor añadido para la empresa, pero ahora el problema no depende de nuestra actuación, no depende de que no te vaya bien en un lado y puedas irte a otro, en todas partes la situación es la misma”, explica Manuel. 

En los primeros meses del año habían hecho una inversión importante en renovar cámaras, comprar sillas, artículos de decoración, mantelerías y cuberterías. Todo lo que hay que sumar a los gastos de la mercancías en las cámaras porque empezaban las celebraciones, bodas, comuniones, bautizos, congresos. Una agenda prácticamente cerrada que incluía las ilusiones de muchas parejas y de familias. 

¿Qué le dices a una pareja que se casaba al día siguiente en esta situación? “Esperan que tengas una varita mágica y le digas lo que quieren escuchar, que todo va a ir bien”, cuenta el responsable de Las Torres. Pero lo único que han podido hacer es adaptar instalaciones y servicios a las nuevas normas sanitarias para evitar contagios por COVID-19. Como por ejemplo, eliminado los tiempos de cóctel y copas de pie, es decir, todos los servicios desde que entras al espacio de celebración deben darse en mesa. Añadiendo hidrogel, limpieza de baños continua, más personal y estar pendiente del control de invitados y trabajadores. En realidad, este tipo de eventos son los que mejor se controlan porque hay lista de invitados, no son espacios abiertos en lo que entra y sale gente nueva. “Si hubiera algún contagio, es fácil de localizar”, apunta Manuel Suárez.

¿Un deseo?Que esto acabe pronto y las celebraciones vuelvan a ser lo más parecidas a lo que eran”, comenta el restaurador. Está seguro de que “la realidad está superando la ficción”, aunque insiste en que lo más importante “es la salud”. Y, como ocurre con la mayoría de los empresarios, este arahalense se muestra dispuesto a pelear “con lo que venga, entonces iremos solucionando los problemas que se presenten”.

Mientras tanto, celebran lo que llegue cumpliendo todas las normas y más pendientes si cabe de su desarrollo y asegurando que se esfuerzan en que las parejas y familias noten lo menos posible los cambios, con un esfuerzo y gasto añadido, a la espera de tiempos mejores . “Los novios tienen este año dos capítulos que escribir en el libro que traen a causa de esta experiencia”. Dos capítulos que nadie hubiese preferido contar en su vida. 

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Francisco Ruiz García, propietario del Catering La Huerta

Catering La Huerta

Francisco Ruíz García está al frente del Catering La Huerta y después de meses de ahogo por no saber cómo salvar esta situación, ha decidido reinventarse. Este miércoles ha abierto en el salón de bodas ubicado muy cerca de una de las salidas de Arahal un restaurante y abacería donde venderá y servirá lo que cocina.

Ahora está muy ilusionado pero, como dicen los mayores, para él se queda lo dejado atrás. La historia es repetida, La Huerta tenía el primer fin de semana, cuando anunciaron el estado de alarma y confinamiento, dos bodas y la comida del Día de la Mujer, con casi 500 mujeres dispuestas para celebrar una jornada ya tradicional. 

“Las cámaras estaban de comida hasta arriba, miles de euros invertidos, y la agenda del año cerrada”, dice el empresario que cuenta haber estado derrumbado, sin saber por dónde tirar. Y, con su sentido de humor ante una situación que empeoraba por momentos, asegura que “no soy de morirme si no, no estaría aquí”. 

La Huerta cuenta con 6 trabajadores fijos y 2 discontinuos, además del centenar que profesionales a los que contratan durante los fines de semana en temporada alta. “No dormía, no paraba de darle vueltas a la cabeza intentando buscar una solución”, dice Francisco que lleva más de 20 años al frente de una empresa de restauración pero toda la vida en una cocina. Porque si por algo sobresale su empresa es por platos innovadores que no dejan atrás recetas caseras aprendidas en el seno de su familia.

Francisco Ruiz: “No soy de morirme si no, no estaría aquí”.

Aunque él está al frente del catering, cuenta con la ayuda de sus dos hijos, Francisco y Cristina, y su mujer, Rosario. Y es Cristina quien ha tenido que lidiar con la mayoría de las parejas y su desesperación. “Hay novias que me contaban que no les devolvían el traje y otras que han cambiado hasta tres veces la fecha para su boda. Hemos intentando darle todas las posibilidades”, con el objetivo de reducir la incertidumbre y ofrecer tranquilidad ante una situación con la que hay poco que hacer. Sigue las mismas medidas de prevención sanitarias y están pendientes de cada publicación nueva, porque después de la experiencia vivida sabe que “todo puede ir a peor”.

Pero el amor propio de este empresario impide que se conforme y busca opciones sin parar. “La cabeza no para de dame vueltas pensando en todo lo que se puede hacer”, asegura. Cualquier hora del día, de la madrugada o de la noche es buena para que se le ocurra una idea y la ponga en marcha. Porque sabe que esta crisis solo se supera con imaginación y moviéndose. 

No obstante reconoce que el año está perdido y la incertidumbre domina el futuro entendido como hasta ahora. Por eso busca un camino al que agarrarse con la misma ilusión que Francisco Ruiz pone en cada proyecto.

 

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Salah Ezrrabi, propietario de Salón de celebraciones Torrevictoria

Salón de celebraciones Torrevictoria

Salah Ezrrabi, sabe que este año está perdido y se ha hecho a la idea. Como a sus compañeros del sector, todo se le vino encima el fatídico fin de semana del 14 de marzo. En su salón de celebraciones, situado a pie de la antigua nacional -la que cruzaba el pueblo de un extremo a otro-, estaba previsto una boda también ese fin de semana que quedó anulada.

Después vinieron más anulaciones de bodas, comuniones, bautizos y esa ha sido la línea que iba aceptando con resignación y solucionando problemas. “No esperaba que fuera una situación que durara tanto, creí en principio que serían dos meses por eso las primeras bodas solo se atrasaron”, cuenta sobre las sensaciones de los primeros días de confinamiento. 

Sus trabajadores son discontinuos, en función al trabajo que entraban, hasta alcanzar unos 30 por fin de semana en las bodas con más invitados. Ahora mantiene cerrado y se ha centrado en los últimos meses en una cafetería, Salah Café, que tiene cerca del salón de celebraciones, aunque ahora también está cerrada por las dificultades que tenía a la hora de implantar las nuevas medidas sanitarias de seguridad, según cuenta.

Salah Ezrrabi: “No esperaba que fuera una situación que durara tanto

Este empresario lleva 17 años con su empresa, antes trabajó también en el sector de la hostelería. Ha conseguido distinguirse por introducir en las bodas un trato excelente y comida con toques árabes, en honor de sus orígenes. 

De esta situación no entiende algunas de las normas. “Tengo un salón muy grande donde puedo hacer celebraciones respetando las medidas de seguridad más que en otro tipo de establecimientos”, dice refiriéndose a las restricciones para este tipo de celebraciones que indican que no pueden ser más de 100 invitados en interior y más de 150 en el exterior. 

Ahora se enfrenta a los gastos que superan los 1.500 euros a pesar de que las puertas del negocio están cerradas y sin actividad. Gastos para los que no hay ayuda ni opciones, solo la de aguantar.

Todos los responsables de los catering de Arahal tienen claro que van a seguir peleando, cada uno a su manera. Y todos quieren que “esto pase ya”. No saben si van a volver a la realidad de antes, pero lo que tiene claro es que estarán dispuestos a buscar la oportunidad para seguir innovando y poniendo Arahal en el mapa.

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Periodista. Directora y editora de aionsur.com desde 2012. Corresponsal Campiña y Sierra Sur de ABC y responsable de textos de pitagorasfotos.com

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