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Eugenio JIMÉNEZ LOBATO

El día de Andalucía, el día en el que esa bandera coloreada con cera (sálvese la marca) luce en el lapicero de la habitación de cualquier alumno, tras haber realizado, otro año más, su gesta en el patio de cualquier colegio y ser ondeada en grandes bruces a los acordes del Himno de nuestra Comunidad, es el día, en el que inundamos las recientes Redes Sociales con banderas, flamenco y todo lo relacionado con nuestra tierra y es como si fuera de obligado imperativo hacerlo. Soy uno de ellos, pero, ¿Es más andaluz el que publica cosas tales o tiene igual sentimiento el que no? Quizás el máxime andaluz lo podemos encontrar hace algunos años en cualquier señora de un pueblo de la Alpujarra que con unas pesetas de sus ahorros viajó hasta Sevilla para pedir la autonomía de esta tierra, o la de un manijero de la comarca del Andévalo que con el sudor de su frente labró una tierra que no tendría las mismas oportunidades si esas besanas se llamasen “terres”, es el día de agradecer a todos los que lucharon en su día para tener lo que ahora poseemos, es el día en el que cuando nos vemos nos damos las felicidades, maravilla, ¿verdad? nacer en Andalucía.

Pero no, no es el único día de vanagloriarnos de nuestra Andalucía cuando el resto del año no somos capaces: Alexaindre, Falla, Bonald, Quevedo, Murillo, Velázquez, Machado, Alberti, Jiménez, y tantas personas que supieron poner en el mapa a Andalucía con su esfuerzo y trabajo, sí trabajo, que aunque algún ser de Cromañón haya suelto por ahí piensa que aquí no se trabaja (Paco Cepero, ingenio del flamenco le vino sola su manera de acariciar la guitarra, en el Reina Sofía los trasplantes no se llevan a cabo por andaluces que han estudiado horas y horas y las piezas de la factoría de AIRBUS en Sevilla se montan solas mientras dormimos la siesta) nuestro aceite, aceitunas… Somos la gran despensa de Europa, patrimonio, nuestra Filosofía de vida, sí, porque nadie es capaz ni de ver la vida con el prisma que lo vemos aquí, y no, no nos avergoncemos de nuestro habla, que podemos y hablamos andalú y si quieres también en un perfecto castellano, pero el que ya habla en el registro del más puro y castizo de los Castellanos es muy difícil que le salga bien el andalú, tantas y tantas cosas que podríamos numerar pero entonces, utilizando el refranero andaluz, diríamos que “sería más largo que un día sin comer”.

“Andaluces levantaos (…)” Levantaos, con una sonrisa que no nos quepa en la cara al saber lo que tenemos hoy día, y que vaya por delante que no es un discurso en el que pretendo idealizar a Andalucía como un “locus amoenus” (poco le queda para serlo a mi tierra) sino para que nos demos cuenta que dejemos las riñas absurdas, todo lo malo y pongamos más tiempo para ver lo que tenemos en común que es mucho (o acaso si eres de un lao u otro no disfrutas igual con una buena tostá de jamón de Huelva con un aceite de Jaén y unas aceitunas prietas de Arahal o si eres de un equipo u otro no disfrutas igual una buena pringá con una buenos amigos)

Así que disfrutemos, hablemos, pensemos y vivamos con nuestra particular manera de ver la vida y que no nos achiquen desde otros lugares diciendo que somos incultos y hablamos mal (aire solano gordo le daba yo a todos ellos que dicen y piensan así) porque como dice Manu Sánchez: “No hablamos un mal Castellano, si no un perfecto Andaluz”

Y ahora, que suene el Himno de Andalucía con Rocío Jurado

(…) ANDALUCES, ANDALUCES (…)

Eugenio JIMÉNEZ LOBATO es alumno de Primero de Bachillerato del IES La Campiña de Arahal

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