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José Campanario – Opinión – Sevilla

No es cuestión de crear mala conciencia ni sentido de culpa en nadie, simplemente tratar de reflejar una realidad, tan cotidiana, que ya casi pasan inadvertidas algunas imágenes que vemos a diario. Lo de menos es dónde y cuándo se haya hecho la foto, por desgracia son tantos los lugares en los que se repiten las mismas escenas que matan a la infancia, que serán, miles o tal vez cientos de miles, las fotos similares a ésta.

Duele ver las imágenes que flotan en las redes sociales de niños huyendo, llorando de miedo, heridos por la metralla de las bombas lanzadas por aviones de los países “libertadores”, niños que deambulan buscando un lugar donde beber, o un sitio tranquilo para dejarse caer para poder dormir, aunque sea en la arena desnuda del desierto, porque el cuerpo, su pequeño cuerpo, lo necesita.

Estos niños no entienden de guerras, ni de petróleo, ni de intereses comerciales, ni de oleoductos… son ajenos a las manipulaciones informativas, a las maniobras financieras y a la lucha por el poder. Simplemente quieren vivir y tienen derecho a vivir como lo que son: niños. Y como niños tienen derecho a vivir su infancia, a jugar, a conocer otros niños, a tener amigos, a que su madre o su padre les lea un cuento antes de dormir, a que cuando tengan alguna enfermedad, algún sanitario les alivie sus molestias, a poder vivir con su familia y poder experimentar la felicidad. No es que pidan mucho, es más, no piden nada, pero tienen derecho como mínimo, a vivir como niños.

Ver cómo una niña le tapa los ojos a su muñeca tratando de que no vea los horrores del comportamiento humano, hiere en lo más profundo a una persona que tenga conciencia. Ver cómo una niña identifica y abraza a su muñeca como si se tratara de una persona, cómo protege a su muñeca, cómo trata que la muñeca no sienta miedo cogiendo su mano, es algo que nos revuelve el estómago, que debería causarnos náuseas y rebelarnos ante tanta hipocresía de tanto gobernante desvergonzado.

La imagen nos recuerda algo que al parecer hemos olvidado: que compartimos, o deberíamos compartir, el instinto de protección de la especie con los animales. Los animales irracionales sí protegen a los suyos, sobre todo a sus “niños”. Tal vez porque sean más racionales que la especie humana. La imagen es tan dolorosa que nos responsabiliza a los hombres de tanta crueldad. Quizás la imagen refleje que esta niña no tenga nada más a donde agarrarse, nadie más con quién compartir su propio miedo.

Lo mas grave es que se está matando la pureza y los sentimientos de los niños, estamos terminando con la ternura de la infancia. ¿Comprenderemos alguna vez que las personas tenemos sentimientos?

Ante estas imágenes nos podríamos preguntar cómo pueden dormir y vivir los responsables de estas atrocidades, cómo pueden consentir los gobernantes de todas las naciones del mundo semejante barbarie.

A pesar de todo, lancemos un mensaje de esperanza: los humanos, si copiamos al resto de especies animales, también tenemos capacidad de ternura y de amar a nuestros semejantes.

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