Un mujer de 75 años, enferma de alzhéimer, estuvo más de 4 horas desaparecida por el campo

Se activó el protocolo de búsqueda en el que participaron agentes de la Guardia Civil. Policía Local y efectivos de Protección Civil

Dolores Casado Fernández fue encontrada cerca del Camino Cordel de Morón, pedía socorro, pero excepto por una leve herida, estaba en buen estado

 

Camino cerca del que encontraron a la mujer desaparecida.

 

A.SOLANO/C.GONZÁLEZ Arahal

Más de 4 horas perdida por el campo y cuando llegó al Centro de Salud de Arahal, con una pequeña herida en la mano, Dolores Casado Fernández (75 años) aún tenía fuerzas para contar a sus familiares por qué zona había andado y cómo se había salvado de un hombre que se escondía cuando ella miraba hacia atrás. En su cabeza, donde la nebulosa del alzhéimer ha entrado para quedarse, el puro instinto le decía que tenía que salir de aquella situación. Y por eso gritaba socorro, en el paraje, a oscuras, donde fue encontrada por los agentes de la Policía Local y efectivos de Protección Civil.

‘Parece mentira que no le haya pasado algo’ decían miembros de su familia cuando oían adonde estaba cuando apareció. Al menos a 7 kilómetros de su casa de campo, una parcela en Huerta Jareta. Encontraron a Dolores, 75 años y enferma de alzhéimer, a unos 500 metros campo a través, al que se accede por el camino Cordel de Morón. A oscuras, cuatro agentes de Policía (Germán, Abraham, Saucedo y Mario) y componentes de Protección Civil tuvieron incluso que saltar la pasada del arroyo y dos alambradas, para llegar al lugar desde donde se oía el grito de socorro.

Cerca también agentes de la Guardia Civil, cuatro patrullas (Paradas, La Puebla, Arahal y una Unidad de Seprona), que junto con la Policía Local habían comenzado desde primera hora de la tarde la búsqueda cuando la familia dio la voz de alarma.

Los componentes de Protección Civil se sumaron en el momento que se activó el protocolo de búsqueda y estuvieron al menos dos horas dando vueltas junto con los agentes por la oscuridad del campo para localizar a la mujer desaparecida. Ellos llevaban la cizalla que cortó las alambradas para llegar hasta el lugar desde donde Dolores pedía auxilio.

Una vez la encontraron, los componentes de Protección Civil se turnaron para sostenerla porque tenía un fuerte dolor en la cadera, seguramente por el tiempo que llevaba andando. El delegado de Seguridad Ciudadana, Luis López Minguet, dijo sentirse “orgullosísimo de contar con los cuerpos de seguridad, policía local, guardia civil y protección civil” porque, asevera, en la búsqueda han participado incluso “personas que aún no estando de servicio, no han dudado en participar en la búsqueda como ha sido el policía Roque y el propio Trigueros (Jefe de la Policía Local)’.

Familia

La familia de Dolores Casado, marido, hija, yerno, sobrinos, vecinas de la parcela, amigos, estaban en la casa de campo de donde la mujer había desaparecido, en Huerta Jareta. El marido contaba una y otra vez cómo de “pronto” había dejado de verla. ‘Cogió la escalera y me dijo que iba a por naranjas’, explicaba a todo el que llegaba. La escalera apareció en una parcela cercana, Dolores incluso había empujado una valla para dejarla allí, dejó un rastro de pisadas que se perdía en pocos metros.

La noche caía, cada vez más fría, y seguía la búsqueda. Dos patrullas de la Guardia Civil, otras tantas de la Policía Local, más aquellos que no estaban de servicio y llegaron, conoceros del campo como el agente Roque y el Jefe de la Policía Local, Pepe Trigueros. Buscaron a oscuras, en una zona rodeada por el cercado de los toros del Conde La Maza, cerca del cortijo Arenales. Y los mismos familiares que la llamaban a gritos por los alrededores de la vivienda. Mientras Dolores estaba perdida. Cuando apareció, en su conversación, mezclaba sin razones mezcladas con datos reales como que había vistos toros.

En el tiempo que se llevó desparecida, la familia contaba cómo es Dolores. “Muy fuerte, acostumbrada al trabajo duro, vendiendo siempre lo que le ha dado la huerta para mantener a su familia, ha criado a hijos y sobrinos, horas y horas lavando. Si llega a ser de día, no se pierde”, comentaban. Todavía la huerta le da naranjas y tienen plantadas tagarninas. “En las últimas semanas está obsesionada con las naranjas, mi suegro no quiere que venga con él al campo, pero ella insiste”, cuenta su yerno.

Dolores Casado Fernández llegó al Centro de Salud con el pelo revuelto y algunas perlas de sudor en la frente. No paraba de hablar y de contar a su manera por lo que había pasado. Ya antes prometió a los agentes de la Policía y todos los que la rodeaban que les iba a regalar naranjas de la Huerta, ‘las mejores’ por ayudarla. En su pérdida de memoria encontró un hueco para Luis, el delegado de Seguridad Ciudadana, al que reconoció de inmediato y al que se abrazó para contarle toda su aventura.

Dolores está a salvo, junto a su familia. Gracias a la labor de aquellos que no pensaron más que en ayudar a encontrarla, sin pensar en turnos ni servicios, dispuestos a pasar una larga noche y lo que fuera necesario. Y todo valió la pena por ver la energía de una mujer fuerte, cuya memoria reciente la ha traicionado.

 

 

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